Feria de armas en Arizona junto al sitio de la masacre

domingo, 16 de enero de 2011

Cualquiera que haya visitado Arizona pudo observar lo simple que es comprar un arma. En todos los pueblos hay una armería que vende lo que se pida : revólveres, fusiles, ametralladoras. Algunos de los grandes supermercados como Walmart venden municiones de todo tipo. Uno puede llevarse de allí balas para rifles como si se comprara una gaseosa o un pollo.


COMERCIO. NO HAY ACUERDO PARA LEGISLAR UN SISTEMA QUE REGULE LA VENTA SIN LIMITES DE ARMAS DE FUEGO.


Si bien tras la masacre de Tucson el pedido para que el Congreso adopte medidas para controlar la venta de armas se multiplicó vertiginosamente, nadie espera que se produzca un cambio en esa cultura. Al contrario.

A sólo 10 kilómetros de donde Jared Lee Loughton disparó a mansalva provocando, el domingo pasado, la muerte de 6 personas e hiriendo a otras 13, incluyendo la diputada Gabrielle Giffords, se inició ayer el Crossroads of West Gun Show, es decir, la gran feria de venta de armas.

“No tuvimos ninguna duda.

Decidimos no suspender el show . Desde que tuvo lugar el incidente, la venta de armas en esta área ha aumentado casi 50%”, dijo Lois Chedsey, la secretaria de la Asociación de Armas de Arizona.

En el Estado de los cactus y del Cañón del Colorado portar armas no es inusual. Hace aproximadamente un año, uno de los vendedores de una armería situada en Tucson, la Black Weapons Armory, explicó a esta corresponsal que la única condición para poder comprar un arma, cualquiera sea su calibre, es ser residente del Estado, tener 21 años, y un registro de conducir válido para chequear si uno tiene antecedentes criminales o alguna enfermedad mental. “Es muy fácil, todo el mundo en Arizona tiene un arma”, dijo.

Una cosa es la ley y otra es la práctica. Según el sheriff del condado de Pima, el autor de la masacre, un joven de 22 años con problemas mentales muy serios, públicos y notorios, tenía en su casa no un arma sino tres.

De acuerdo con la investigación que realizó Sam Santon, un periodista de la cadena de diarios Mc Clatchy, el arma que Jared Loughton utilizó para disparar a la diputada Gabrielle Giffords es igual a la que ella tiene en su casa. Según Santon, por lo menos dos de los invitados al acto convocado por Giffords que corrieron espontáneamente a socorrer a las víctimas cuando comenzaron los disparos llevaban armas .

Quienes militan a favor del control de la venta de armas argumentan que, cuanto más fácil es el acceso a ellas, más posibilidades hay de que sucedan tragedias como la de Tucson. Sin embargo, esta semana representantes en el Congreso de ambos partidos dijeron que es poco probable que haya cambios significativos en la legislación actual. Kevin Smith, el vocero del nuevo presidente republicano de la Cámara Baja, John Bohener, dijo que “toda nuestra atención se centrará sobre las prioridades más importantes del pueblo estadounidense, la creación de empleos, reducir el déficit y reformar el funcionamiento del Congreso”.

Los demócratas tampoco se muestran muy dispuestos a colocar el control de armas en la agenda legislativa.

Consciente de lo poco popular que es el tema incluso en su propio partido, la diputada demócrata, Carolyn McCarthy, que presentó un proyecto para limitar la venta de municiones de largo alcance, se apuró a explicar que “ésta no es una ley para controlar la venta de armas.” Y comentó que el problema principal es la Asociación Nacional del Rifle, un poderoso lobby pro armas que tiene tanto dinero e influencia que ha venido bloqueando desde hace años todo intento por limitar ese comercio. El único proyecto que puede tener más chance es el que establece que nadie se puede acercar armado “a menos de mil pies” (304 metros) a un legislador. Sin embargo, el diputado republicano Peter King, autor del proyecto, reveló que recibió más de 100 llamados por hora de gente que lo acusa de buscar poner fin a las libertades que otorga la Constitución.
 

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