Zuckerberg tiene el gen de la campechanía

martes, 15 de febrero de 2011


Es joven y superinfluyente, tiene biopic propio y un puesto en el ránking de muchimillonarios del Forbes. Sin embargo, en el fondo, Mark Zuckerberg sigue siendo un humilde emprendedor. Vive en una casita de cinco habitacioncitas con jardincito, en un barriíto de clase media en Palito Altito, Californita. Conduce un Honda. Y no tiene guardaespaldas, ni cámaras, ni vigilantes armados, ni foso de pirañas. Que se sepa.

Indiscutiblemente importante, y conspiranoicamente poderoso (tiene más información sobre nosotros en el servidor de Féisbuc que la CIA), vive ahí, entre nosotros, los trabajadores (bueno, los trabajadores de Palo Alto). Tan cercano y desprotegido como... como... bueno, como tu perfil de Féisbuc, sin ir más lejos.

Este dato, que salió a la luz recientemente, por algún motivo ha fascinado a la prensa y al mundo. Lo comprendemos. La vida del rico nos interesa. Tanto si vive a todo tren entre lujos asiáticos (aún mejor, monegascos) como si es austero y sencillo.

Quizá más en el segundo caso: «¡Mira a Zuckerberg! ¡Podría vivir en el Taj Mahal, montar en unicornio y tener de pornochacha a Rania de Jordania (polejemplo), pero no! ¡Vive en una casa de mierda!» «Bueno, ojo, cinco dormitorios, ¿eh?» «¡Nada! ¡Una mierda! ¡Cinco solo! ¡Ni siquiera uno pa cada día de la semana! ¡Qué modesto y qué sufrido!»

¿No les es familiar este caso? Nosotros detectamos en Zuckerberg el gen de la campechanía. Aquí, en España, también lo tiene una de las personas más influyentes. Y por eso se nos cae la baba. Anda que no. «¡Mira al rey Juan Carlos! ¡Es el rey de España! ¡Podría hacernos sus esclavos y mearnos en la boca desde el balcón!» Y es verdad, ojo: podría hacerlo. Miren a la Reina de Inglaterra.

Pero no, es campechano, y por eso nos agrada. Y ya está. Somos un público fácil, ¿no?
 

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