Una nueva identidad por menos de 288 euros

domingo, 22 de mayo de 2011

Internet es el mundo. Ahí, donde pronto habrá 50.000 dispositivos electrónicos interconectados, podemos comprar o vender identidades. La red nos facilita la vida, pero nos hace más vulnerables a los cibercriminales

La sesión se celebra en las ultramodernas instalaciones que Cisco, el gigante americano de la informática, tiene en Alcobendas. Nos dejan en una de las doce salas de telepresencia. A la hora en punto, la gran pantalla, iluminada como un altar de la tecnología, se enciende y comienza desde Londres una sesión de con individuos sentados en el Reino Unido, Italia, Países Bajos y Alemania. La calidad de la imagen es inmejorable y por si fuera poco Cisco está perfeccionando un sistema holográfico para teletransportar imágenes de interlocutores que bordean la magia.

Tras el reciente saqueo de millones de cuentas de la Playstation de Sony, muchas compañías han recordado que el mundo virtual constantemente interconectado nos hace la vida más fácil, pero abre nuevas minas de oro para cibercriminales y ciberterroristas. A mayor número de dispositivos conectados a la red, más grietas para el saqueo de cuentas e identidades. El periodista Sean Geer, especialista en tecnología y negocios, moderador, dice que el mundo de internet tiene, como mínimo dos caras la hora de hacer negocios: amigable y arriesgada. Recuerda Geer que al 70 por ciento de los consumidores le preocupan dos cosas cuando se sienta ante una pantalla y un teclado: los pagos electrónicos y que le roben la identidad.

No es para menos. La Policía Nacional detuvo en España en 2010 a 1.654 ciberdelincuentes, un 50% más que año anterior. y más de la mitad por fraude. Y un reciente estudio elaborado en el Reino Unido por la empresa CPP (Protección y Servicios de Asistencia), que se dedica a la defensa de la identidad, ha evaluado en 288 euros el precio de hacerse con una identidad propia en internet. Un carné de conducir falso se puede conseguir por 46 euros, uno de moto por 23, un permiso de trabajo en la Unión Europea por de 11 euros y un paquete que incluya extractos bancarios y facturas de agua, luz y gas por 184 euros. Esas «sofisticadas falsificaciones» permiten abrir cuentas bancarias, solicitar tarjetas de crédito, contratar líneas telefónicas o pedir créditos en nombre de la víctima.

Gavan Egan, director de EMEA, la empresa que se encarga de garantizar que los negocios de Verizon, una de las grandes compañías estadounidenses de telefonía y comunicaciones, comentó desde Londres que solo el año pasado investigaron 800 ataques informáticos, y admitió que muchos sistemas de protección de grandes empresas son sorprendentemente frágiles, aunque también reconoció que «los mejores ataques pasan inadvertidos, o se detectan cuando ya es demasiado tarde».

«El problema es que cada vez compartimos más y más información en más soportes tecnológicos», señaló Paul King, principal consejero de seguridad de Cisco. Parecía hacerse eco de la inquietud del abogado Borja Adsuara, especialista en derecho y mundo digital, que en un reciente foro sobre el procomún y la responsabilidad social corporativa, celebrado en Madrid, hizo hincapié en la paradoja que suponen las campañas en defensa de la intimidad y la «casi obscena» disposición de muchos usuarios de la red a compartirlo todo. De hecho, los especialistas convocados por Cisco recordaron que la clave es la identidad y su protección, la necesidad de encriptar todo lo que sea susceptible de ser saqueado, elegir «passwords» que sean casi imposibles de descifrar. Llamaron la atención sobre el absurdo que supone utilizar como clave de acceso la fecha de nacimiento o el nombre de una mascota o de los padres cuando muchos lo revelan abiertamente en sus perfiles de Facebook o Twitter, por no hablar de cuando dicen dónde y cuándo están de vacaciones.

Se estima que dentro de una década, en el ya denominado «internet de las cosas», unos 50.000 objetos y máquinas estarán conectados y muchos de ellas al alcance de la yema de nuestros dedos en una tableta. El acceso a internet desde casi cualquier emplazamiento dará un salto cualitativo cuando desde la pantalla de un teléfono inteligente («smartphones») o desde una de las muchas tabletas que ya están inundando el mercado se pueda controlar el estado del frigorífico, ordenar una remesa de leche o de whisky, apagar la calefacción, conectar la alarma o hacer todo tipo de operaciones comerciales. De ahí que todos los especialistas en ciberseguridad hagan hincapié en no bajar la guardia. De momento confían en la nube —«de momento, apenas ha habido ataques informáticos»— para almacenar información. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, anunció el pasado lunes una Estrategia Internacional de EE UU para el Ciberespacio, con la intención de fomentar la libertad y el comercio que la red ha potenciado en progresión astronómica, junto a la seguridad. Clinton dijo que internet tiene que seguir siendo «seguro y libre» para los 2.000 millones de usuarios actualmente inmersos en la conversación global (Facebook es el «tercer país», tras China e India, por número de «habitantes») como para los que sin duda se sumarán. Los cibercriminales ya están afinando sus armas.
 

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