La cirugia de la Policia

lunes, 12 de septiembre de 2011



Descubren zulos. Revientan búnkeres de narcos. Rastrean las tripas de aviones y buques de la droga. Hasta se atreven con terremotos. Son el GOIT, los «cirujanos» de la Policía

Terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, secuestros, estafas, prostitución, catástrofes naturales. Los integrantes del Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas (GOIT) le dan a todo tipo de delincuencia y a todas horas: las 24 de los 365 días del año, se jacta su inspector jefe. Pese a ello, los especialistas policiales del GOIT son aún desconocidos para la opinión pública. Sin embargo, si hablamos de «El Solitario» o «Cásper»; los casos «Malaya» y «Afinsa»; los clanes de la droga de la Cañada Real, como «Los Emilios», «Los Gordos» o «Los Brunos»; el atentado de la T-4; los terremotos de Argelia y Lorca... Daremos nombres propios a sólo una parte de la labor que estos 22 agentes realizan desde 1999.

No hay zulos, búnkeres y «caletas» de la droga, cajas fuertes; en definitiva, registros en tierra, mar o aire, que se les resista. Además de su formación policial, tienen conocimientos muy especializados. La plantilla del GOIT la conforman ingenieros, delineantes, chapistas, electricistas, incluso buzos, que combinan conocimientos y veteranía. La liberación de José Antonio Ortega Lara de las garras de ETA, en 1997, fue el punto de inflexión. La Policía necesitaba a especialistas para localizar zulos. Dos años después, los siete primeros integrantes del GOIT comenzaban a trabajar. Pero, con el paso del tiempo, el crimen se ha ido especializando a pasos de gigante y, con él, el nivel de exigencia técnica y preparación de estos funcionarios. «El primer servicio que hicimos fue la apertura de una pequeña caja de caudales», recuerda, como anécdota, el inspector jefe del grupo.

«Ahora, incluso hacemos casi de espeleólogos», bromean, aunque no exageran. Sus armas son cizallas, arietes, lanzas térmicas, cortes de plasma, medidores de gases, luces frías, vídeo-endoscopios... Y la calma que exige la tensión, aunque suene antitético: «Recibimos una llamada o un fax de los grupos que están desarrollando una operación, desde cualquier punto de España, sea la hora que sea, y nos ponemos a trabajar. Nuestro mayor hándicap es el tiempo. Trabajamos contrarreloj, porque jugamos con las 72 horas máximas que hay por ley entre la detención de un individuo y su puesta a disposición judicial». En ese estrecho margen deben ponerse en marcha, trasladarse a la ciudad en cuestión y realizar su trabajo, que se sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina.

Uno de los fuertes del GOIT es la localización de los escondrijos de la droga en vehículos de todo tipo. Por ello, mantienen contacto con todas las marcas comerciales y conocen cada recoveco con los que cuenta un coche, por ejemplo. Nos muestran una furgoneta de apariencia normal. En un primer registro no había nada fuera de lo común. Sólo encontraron la batería de un teléfono móvil. Uno de los miembros del grupo averiguó rápidamente qué hacía esa pila ahí.

Ahora, nos retan a adivinar su utilidad. Por más que pensamos, no damos con la clave. Pero la solución al enigma está ahí. Con maestría de cirujanos, acercan los electrodos de la pila a un pequeñísimo saliente metálico que apenas se ve, junto al cierre de las puerta... Y, clic, ¡bingo! Los polos negativo y positivo de la batería hacen contacto con la pieza camuflada y una plataforma falsa se abre en el maletero. Son decenas de cavidades con forma de cilindro, embadurnadas con café, utilizado para «despistar» el olor de los 25 kilos de droga que pueden esconderse en ellas.

Cásper, Solitario y Malaya

En otras ocasiones, y ahora estamos ante un «quad» incautado a un rumano, la sorpresa no tiene por qué ser un estupefaciente. «Al abrir el depósito del combustible, lo que encontramos fueron diamantes», explica un investigador, mientras pasamos junto a un coche recién incautado a la banda de «Cásper», el ladrón de los cuadros de la Koplowitz, nuevamente arrestado por otro asunto.

Barcos mercantes, veleros, hasta autobuses y aviones. También, y parece que regresamos a argumentos de películas, enormes muebles que, al accionar un «botón» secreto, se mueven y revelan decenas de estanterías para sacos de droga, como ocurrió en un chalé del Conde de Orgaz. O un todoterreno por piezas que «El Solitario» iba a mandar a Brasil desde su nave de Pinto. O documentación del caso «Malaya» en la vivienda de uno de los implicados, en Murcia. O la identificación de lo que quedó de los vehículos en el atentado de ETA en Barajas.

Los «malos» se sofistican, y no se puede bajar la guardia. Uno, delante de los secretarios judiciales y de los agentes de Policía Judicial, retó a los agentes del GOIT en un registro: «No tenéis cojones de encontrar las pistolas». ¿Que no? Estaban en una garrafa especial metida en un depósito que estaba escondido debajo de unas losetas sobre las que descansaba un tractor. Ahí es nada. Luego, está la firma de cada delincuente. Sólo por el «cordón» de la soldadura de dos chapas, estos investigadores pueden averiguar si su autor es el mismo que de otras piezas encontradas: «Incluso saber quién es la persona en concreto, porque cada uno deja su huella».

Este nivel de eficacia ha llamado la atención no sólo de las Comisarías Generales de Información y Policía Judicial, sino también de países europeos, como Alemania o Reino Unido, que les piden formación, al ser pioneros. Entre 1999 y 2009, sus diez primeros años de vida, el GOIT participó en más de 200 operaciones policiales. El año 2010 acabó con 52 y, en lo que va de 2011, son ya 38. Pero saben que aún queda mucho escondite por desvelar. Mucha droga por aprehender. Mucho zulo por desbaratar. Y prometen cumplir el reto.

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