Una gigantesca estrella a punto de estallar

domingo, 16 de marzo de 2014


V766 Centaurii es una estrella hipergigante que, si estuviera colocada en vez de nuestro Sol, se comería gran parte del Sistema Solar, alcanzando su superficie más allá de la órbita de Júpiter. Su diámetro es 1.300 veces el diámetro solar, su masa equivale a 39 masas solares y su luminosidad es casi un millón de veces superior a la de nuestra estrella. Este monstruo, como han dado a conocer con detalle las observaciones desde el telescopio VLT del Cerro Paranal (Chile) del Observatorio Europeo Austral, es una de las 10 mayores estrellas conocidas, y su vida acabará dentro de poco (aunque "poco", en términos astronómicos, quiere decir que puede ser no antes de un millón de años).

En la nota de prensa dada a conocer el 12 de marzo de 2014 por ESO ("VLT detecta la mayor estrella amarilla hipergigante") se presentan combinadas nuevas observaciones junto a otras anteriores, que muestran que esta estrella es parte de un sistema doble, que presenta una variabilidad en su luz característica de la inestabilidad de estas estrellas, demasiado grandes para evolucionar de una manera más sosegada, como lo hacen las estrellas de tipo solar.

El equipo internacional de astrofísicos dirigido por Olivier Chesneau, del Observatorio de la Costa Azul de Niza (Francia) ha utilizado técnicas empleando varios telescopios del conjunto VLT (Very Large Telescope, "telescopio muy grande", que se compone de cuatro telescopios con espejos de 8,2 metros de diámetro cada uno), que permiten combinar su potencia para alcanzar el equivalente a un telescopio de 120 metros de diámetro. Las nuevas observaciones, que se suman a otras realizadas en los últimos 60 años de esta estrella variable, permiten entender mejor cómo funciona, aunque se encuentra a 12.000 años luz de la Tierra, en regiones algo más cercanas que el Sol al centro de nuestra Galaxia. Y es tan luminosa que incluso se puede ver a simple vista en la constelación del Centauro.

Su luz corresponde a una estrella con una atmósfera un poco más fría que la fotosfera solar, de ahí su coloración amarillenta. La hipergigante presenta cambios irregulares en su brillo, y está aumentando de tamaño, expandiendo sus capas exteriores a la vez que se enfrían, una fase inestable y que dura poco tiempo, por lo que hasta ahora nunca se había podido observar algo así. En los últimos 40 años este proceso ha sido observado desde diversos observatorios, pero ahora se ha podido descubrir la existencia de una compañera pequeña y de menor temperatura, que a veces pasa por delante de su compañera hipergigante, produciendo pequeños eclipses, detectados por la disminución de luz que producen al observarse desde la Tierra.

La cercanía de esa estrella le permite arrastrar parte de la materia que escapa de la hipergigante. En una simulación que acompaña a la información emitida desde ESO podemos ver cómo sería ese sistema.

¿Cómo se generan estos sistemas? El rango de masas y tamaños que presentan las estrellas se comenzó a conocer a mediados del siglo XIX, cuando las observaciones sistemáticas y las técnicas fotográficas permitieron analizar mejor la luz de las estrellas. No fue hasta el siglo XX cuando combinando la potencia de la nueva física se puedo entender cómo las estrellas se forman a partir de nubes de gas, y cómo van evolucionando conforme alimentan en su núcleo los hornos de fusión nuclear que les proporcionan la energía suficiente para sobrevivir al colapso de la gravitación.

Sabemos que muchas estrellas nacen en sistemas múltiples. V766 Cen tiene de hecho otra compañera masiva también, además de la otra más pequeña que orbita en torno a la mayor dando una vuelta cada 1.300 días, recorriendo una zona cercana a la parte exterior de la fotosfera muy dilatada de esta.

Es un sistema sorprendente, que muestra cómo las estrellas muy masivas tienen que poner en marcha toda suerte de mecanismos físicos para mantener un equilibrio en esas enormes masas de gas que es arrastrado por las fuerzas de la gravedad, pero también por la radiación de la energía que emiten y por los mismos movimientos convectivos que llevan el calor del interior hacia afuera. Muchas de estas estrellas pasan por fases inestables, que causan grandes cambios en su estructura, pero sobre todo, que alteran su tamaño y temperatura, provocando una variabilidad que las hace llamativas cuando se realizan seguimientos con los observatorios astronómicos.

No durará mucho en esta fase: podría ir evolucionando conforme pierde masa, convirtiéndose en una estrella aún más caliente, del tipo llamado "estrellas variables luminosas azules" (LBV) o una estrella del tipo "Wolf-Rayet", aunque probablemente estalle antes como supernova, en un proceso en el que el núcleo de la estrella colapsa en una décima de segundo, al generar una zona central de núcleos de Hierro, y provocando una explosión terriblemente violenta y luminosa, una supernova.

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Aunque algo así podría suceder antes que pase un millón de años (un tiempo breve en la vida de una estrella, si comparamos por ejemplo con los 5.000 millones de años de vida de nuestro Sol) los modelos teóricos varían según la forma en que pierde materia esta estrella, y la posible influencia de su compañera también podría cambiar los tiempos y el futuro.

La vida de las estrellas es, como confirma la astrofísica, un sorprendente acúmulo de fenómenos violentos y transitorios. Precisamente hoy, cuando el ESO daba a conocer los nuevos datos de V766 Cen, en el Planetario de Pamplona el astrofísico Fernando Jáuregui nos presenta una charla organizada por el Club de Amigos de la Ciencia de Navarra en la que recorrerá cómo es la llamada evolución estelar.



Una gigantesca estrella a punto de estallar.
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